Por Miguel Riveros
Como ciudadano y como papá, lamento profundamente la situación que estamos viviendo como sociedad.
Hoy, muchos padres y apoderados tomamos la decisión de no enviar a nuestros hijos al colegio, ante una alerta de posible tiroteo en el Colegio Antilén. Más allá de si se trata de una broma o no, las situaciones que hemos conocido en las últimas semanas generan temor real y nos hacen cuestionar la seguridad de exponer a nuestros hijos.
Pero también es necesario hacernos una pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo como padres?
Es momento de detenernos y reflexionar sobre la formación que estamos entregando en nuestros hogares. Un delincuente no siempre se forma en la calle. La responsabilidad no es solo de la sociedad, ni de la falta de oportunidades, ni del colegio, ni de las autoridades. La base está en la casa, donde se enseñan los primeros y más importantes valores.
Padres y madres, tenemos la obligación de formar a nuestros hijos con respeto, límites y principios. Debemos involucrarnos más: saber con quién se relacionan, qué consumen, cómo se sienten. Revisar, conversar, acompañar y corregir cuando sea necesario. La autoridad la ejercemos nosotros, no ellos.
Muchas veces escuchamos que los jóvenes son el futuro de Chile. Pero vale la pena preguntarse: ¿qué estamos haciendo hoy por ese futuro?
En manos de cada padre y madre está la responsabilidad de formar buenas personas y, con ello, construir una mejor sociedad.

