Víctor Hugo Torres: Nómada en su tierra

Víctor Hugo Torres, más conocido como “El Peñe”, es un obrero agrícola de 43 años. Nació en Temuco y hace 8 años vive en Rengo en la VI región. No tiene casa, ni sabe leer ni escribir. Sin embargo, su cara siempre sonríe.

Cae la lluvia en esta fría tarde de mayo, es domingo y Víctor Hugo está sentado junto a una fogata bajo una ruca. Metros más atrás, su hogar, un viejo container que por dentro se encuentra perfectamente ordenado y limpio, ¿cómo se nota esto?. Es muy sencillo, sólo tiene una cama con colchonetas y viejas frazadas, un mueble para colgar su ropa y sus artículos de aseo.

Víctor es moreno y de estatura baja, siempre anda con gorro y con una camisa de franela a cuadrille, y destaca con su acento sureño, que sale a la luz hasta con su saludo: “Kiu eñor cómo ta”. Apenas me siento a conversar con él, me ofrece un cigarro de esa caja que se fuma todos los días, y toma ese divertido encendedor, una rama media encendida de la fogata. Nos reímos un rato luego me pasa una silla y ambos quedamos sentados alrededor del fuego, ese que prende cada vez que hace mucho frío, ocupando palos de la leña que su patrón mantiene arrumada junto al container en el que vive.

“El Peñe” viaja de lugar en lugar en busca de empleo. Un tiempo trabaja en la fruta, otro en las papas si no, en lo que encuentre. Refiriéndose al pago de sus imposiciones dice; “Una e no ma jue que on Avelino me tuo con papeles (contratado) allá en el fundo e Pelequén”, pero no muestra importancia a estar siempre sin contrato y además agrega: “lo único malo es que pa ir al hospital sale tan recarazo, no hace mucho me atropellaron y pa más taba gueno y sano”, y sonríe alegremente mostrando los pocos dientes que tiene en su boca, recordando ese día que llegó a su casa cojeando y la patrona lo llevó al doctor.

En Chile, se estima que unos 600 mil obreros se desempeñan en labores agrícolas de temporada y de estos casi un 50 % trabaja sin contrato. Generalmente son traídos desde el sur por algún contratista que los instala en otras regiones, les da un lugar donde vivir y luego les cambia todas las reglas del juego. Pero como las personas se encuentran lejos de su casa y sin dinero, aceptan cualquier nueva condición.

“El Peñe” vino del sur en busca de una mejor remuneración económica. Un día tomó un bus desde Temuco y se bajó en Rancagua porque en su zona siempre decían que allí había mucha “pega”. “Oiga, en Freire, lugar donde soy Nacío y criáo, pagan 4 luca el día, en cambio acá pagan 7 pue”, dice.

Atrás quedaron los 10 años conviviendo con Dina del Carmen Hurra y sus dos hijas, la familia que comenzó cuando ella aún tenía sólo 13 años, pero que destruyó cuando su adicción al alcohol se fue haciendo más fuerte. Al marcharse de Temuco nunca les envió dinero y la comunicación se hizo casi nula, de no ser por el llamado que cada año hace a sus familiares para saber de ellas. Sin embargo, comenta que sus niñas igual lo quieren y que hace un año, su hija menor estuvo trabajando varios meses en un campo junto a él.

Al dejar la novena región, en Rancagua le dijeron que estaba mala la cosa, pero que en Rengo había trabajo. Así, y sin perder tiempo, tomó otro bus y siguió ese rumbo. Sin ningún conocido en ese sector, pasó a pedir agua a una casa que estaba junto al Terminal de Trenes. Allí una viejita lo acogió y le recomendó donde podría trabajar, a los 10 días después estaba trabajando desmochando ajos, luego comenzó a recorrer diversos lugares en donde estuvieran cosechando la tierra y así con un empleo tras otro. Hoy está manteniendo los jardines de una casa patronal de la comuna y la próxima semana cumple un mes allí.

Los tiempos de pajarero (cuidador de trigo) en Temuco no volvieron. Nunca ha invertido en cosas materiales, comenta que: “Una e compré una radio chica y un tele, pero sae que, me las tomé”, .Todo su sueldo lo gasta en alcohol y prostitutas, bebe casi todos los días y probablemente su jefe no le de más trabajo este mes.

Más tarde pedirá dinero al patrón, pues debe pagar las deudas de una bicicleta que perdió y los 6 mil pesos en la “Picá del Huacho Carmona”, que le cobran todas las semanas. Sus penas las pasa con las niñas de un conocido local , muchas veces menores de edad que por 10 mil pesos tienen sexo con cualquier cliente y sin ninguna protección Son esas chicas que se van de sus casas y encuentran protección y dinero en esta casa de prostitución, comenta Víctor Hugo.

La hora pasa y un auto llega al lugar. Parece ser su actual patrón, nos despedimos y por lo que alcanzo a escuchar, este será el día en que “El Peñe” tendrá que volver donde empezó, la casa de la viejita que, por 20 mil pesos mensuales, le da una pieza y le recomienda donde puede ir a buscarse otro empleo.

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